Sobre Gillian Flynn y los personajes femeninos

No me acuerdo bien cómo empecé a leer a Gillian Flynn. Seguro saqué, de algún lado, que Gone Girl (Perdida) era el libro del año, y como soy altamente influenciable, quise ver de qué se trataba.

Me encantó.

Me gustó de esa manera tan noquierosalirahacerotrascosasquieroterminaresto, de no poder parar de dar vuelta las páginas (del Kindle). A esta altura del partido, todos sabemos de qué se trata: Amy Dunne desaparece el día de su aniversario y el principal sospechoso es su marido, Nick. Próximamente, en la versión hollywoodense de David Fincher, serán Rosamund Pike y Ben Affleck, respectivamente.

Es fácil describir por qué me pareció un buen libro, y ya muchos lo han hecho antes; aunque no sea fácil hacerlo sin spoilear y, créanme, es algo que vale la pena leer sin que te arruinen antes. Pero no me gustó sólo el twist, el giro de tuerca: me cautivó cómo estaba formado, los puntos de vista de él, las entradas de diario de ella, el ya famoso “cool girl rant” (es un gran spoiler, así que entren bajo su propio riesgo).

Yo leo desordenadamente. Pero cuando un autor me atrapa tanto como lo hizo Flynn no puedo pasar a otra cosa: y entonces ahí fui, a devorar sus otros dos libros. El primero, Sharp Objects (Heridas Abiertas). El segundo, Dark Places (no publicado aún en Argentina).

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Ahí es cuando empezó a tener mucho más sentido lo que me gustaba de Flynn o, al menos, qué estaba haciendo ella que no estaba haciendo nadie más (que yo supiera).

Pero primero hay que hacer un preámbulo.

Cualquier persona que me conoce o que me leyó alguna vez sabe que tengo muy presente a los personajes femeninos. Si veo una película, pienso si pasa el Bechdel test. No puedo no fijarme cómo está construido el personaje de una mujer, si es más que una presencia unidimensional/ motor de las motivaciones del personaje masculino/ el decorado. Se dice que necesitamos personajes femeninos fuertes. Muchos productores creen que eso implica una mujer preferiblemente fuerte físicamente, que es una más entre los chicos (pero es siempre la única entre los chicos: ver síndrome de Pitufina) y que rechaza todas las características típicamente asociadas con lo femenino o utiliza estas mismas características/ extraños poderes femeninos/ tetas para vencer a los villanos.

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Si le ponemos mucha onda, ¿Thor cuenta?

Mallory Ortberg, que escribe en The Toast, se burla muy genialmente de esto en “A Day In The Life of An Empowered Female Heroine” (Un día en la vida de una heroína empoderada). Pero como no lo van a leer (?), va un extracto:

“Se levantó como lo hacía todos los días: sacándose lentamente el casco de su moto y moviendo su cabeza de un lado al otro para revelar una larga y rubia colita de pelo. Todos dieron un grito ahogado de asombro. <Así es, dijo (…) he sido una chica todo este tiempo>”.

Otra persona que entiende perfectamente el único – y a veces ridículo – tipo de personaje femenino fuerte que vemos es Kate Beaton.

Con el mismo mecanismo con el cual se desestima el feminismo como antihombres, como falto de sentido del humor, como castrador y etc. se encierra al personaje femenino deseable en un estereotipo que (si bien me divierte mucho ver en la pantalla grande) es sólo eso: un estereotipo gastado, inverosímil y que maneja ideas muy básicas de fuerza y de feminidad. Es bastante chato y repetitivo todo.

Un personaje fuerte es otra cosa: es tridimensional. Verosímil. Con posibilidades de crecimiento. Bah, es un personaje que recibe el mismo tratamiento que los masculinos.

Cuando defiendo, por ejemplo, a Sansa de Game of Thrones, no lo hago porque me parezca que es la que mejor está entendiendo el juego: la defiendo porque me gusta como George R.R. Martin tomó a un personaje tan típícamente femenino y le permitió crecer más allá de eso. Sansa es fuerte aunque no de la manera obvia en la que lo es su hermana Arya. Creo que parte de tener más protagonistas mujeres es eso: entender que Sansa no es débil por ser femenina. Saber que si bien Arya se identifica con características “masculinas” – y está bien que lo haga – rechazar lo “femenino” no es la única manera legítima de ser fuerte, interesante o deseable. Que se puede ser vulnerable y ser un buen personaje.

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También la defiendo porque SU PELO ES MUY LINDO.

Entiendo, de todas maneras, que el estereotipo del personaje femenino fuerte se da porque hay tan pocos que pareciera que tienen que acumular en una mujer sola todas las características deseables: inteligencia, simpatía, belleza, sex appeal, etc. El único motivo por el cual podemos comparar a Sansa y a Arya Stark – y elegir a una – es porque G.R.R.M llenó su universo de mujeres distintas entre sí.

Y ahora sí volvemos a Gillian Flynn. Sus personajes principales son mujeres: Camille Preaker en Sharp Objects, Libby Day en Dark Places, Amy Dunne en Gone Girl. Son mujeres tridimensionales con sus problemas y motivaciones. Pero lo nuevo, lo refrescante, es que se permiten ser escandalosamente antipáticas.

Spoiler alert: Amy Dunne no te va a caer bien. Las motivaciones de Libby no te van a cerrar del todo: cuando empieza a tratar de revelar quién mató a su familia, no lo hace por un deseo puro de justicia; lo hace porque se está quedando sin plata y un grupo de fanáticos de asesinatos famosos le ofrecen pagarle si los ayuda.

Parece muy estúpido resaltar esto como algo positivo. Muy básico. Pero no lo es. A las mujeres en los medios se les guardan ciertos roles muy definidos. Y a una protagonista no se le permite ser antipática. No puede caernos mal. Tenemos que alentarla, hinchar por ella. Puede ser torpe porque ser torpe es – aparentemente – adorable y porque de esta manera vemos en ella una falla mínima, casi intrascendente. Tiene que ser así porque de otra manera no podríamos relacionarnos con ella: sería demasiado perfecta. Soportamos que sea gorda (en algunos casos contados) y que tome decisiones equivocadas, pero sus intenciones siempre tienen que ser buenas. Tiene que tener un buen corazón. Si no es así, permanecerá en el costado de la acción, como la rival de la protagonista, la que es una conchuda (una conchuda unidimensional, claro).

Roxane Gay, que hace poco publicó su primer libro de ensayos titulado Bad Feminist, reflexiona sobre este tema en “Not here to make friends”. Gay, en una parte, escribe:

“Hay muchas instancias en las que un hombre antipático es considerado un antihéroe, ganando un término especial para explicar las maneras en las que se desvía de la norma, de lo que es tradicionalmente agradable. Empezando por Holden Caulfield en El guardián entre el centeno, la lista es larga. Un hombre antipático es inescrutablemente interesante, oscuro o atormentado pero finalmente atractivo, aunque se comporte de maneras desagradables (…) Cuando las mujeres son antipáticas, se convierte en una obsesión en las conversaciones de los críticos profesionales y de los amateurs. ¿Por qué estas mujeres osan desafiar lo convencional? ¿Por qué no se están haciendo agradables (y por ende aceptables) para la sociedad educada?

Entonces, no tiene que llamarnos la atención que a Gillian Flynn – que escribe mujeres problemáticas, que hacen cosas horrendas, que tienen innegablemente alguna patología psiquiátrica – la hayan criticado por crear novelas misóginas. En serio.

Pareciera que volvemos siempre a lo mismo: la autora de ese artículo llama a Gone Girl un libro misógino porque hay pocos personajes femeninos redimibles; lo que no se da cuenta es que los hombres de la novela tampoco son grandes personas, o que está midiéndolos con una vara distinta. Los hombres pueden ser horribles, las mujeres no.

A Gillian Flynn le preguntaron por este tema en una entrevista en The Guardian: ella se identifica como feminista, ¿pero cree que está dañando la causa con sus personajes?

“Creo que eso reduce mucho lo que es el feminismo (…) ¿Es realmente solo girl power, y “¡vamos chica!”, y “empoderate”, “sé lo mejor que puedas ser”? Para mí, también es la habilidad de tener mujeres que son malos personajes… Lo que realmente me frustra es la idea de que las mujeres son innatamente buenas, dadas a la crianza. En la literatura, pueden ser malas – del estilo promiscuas, vampiresas, maliciosas – pero todavía hay resistencia a la idea de que las mujeres puedan ser tan sólo pragmáticamente malvadas, malas y egoístas… No escribo perras psicóticas. La perra psicótica simplemente está loca – no tiene un móvil, y es una persona que se descarta fácilmente por su psicosis”.

En su página de Internet, Flynn sostiene que quería escribir “sobre la violencia de las mujeres”. Y si bien admite que los retratos que produce no son particularmente halagadores, dice que se había cansado ya de “las heroínas con chispa, las valientes víctimas de violaciones, las fashionistas en búsqueda de sí mismas que pueblan tantos libros. Particularmente, estoy de luto por la falta de villanas femeninas”.

¿No es cierto acaso? ¿No es terriblemente aburrido todo? ¿Tener que elegir entre mujeres que son el interés amoroso, el decorado, la damisela en apuros, la mujer perfecta (pero nunca amenazante) o la heroína fuerte con una moral intachable?

Personalmente me divierte mucho más una Amy Dunne que una Bella Swan (que podríamos tranquilamente reemplazar con un felpudo que se muerde mucho el labio y nadie notaría la diferencia) pero principalmente lo que me gusta, lo que me encanta, es tener de donde elegir. Por ahora, sigue sin haber mucho.

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